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¿Formar o ganar a toda costa? ¿Son ambas compatibles?

Dudas sobre la formación a los chavales a través del deporte

Uno de los últimos artículos que han tenido bastante eco por redes sociales ha sido el de Minibasket y los cerradores de acta.

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Desde hace unas temporadas se aplica una normativa en la que cuando se alcanza, en categorías de minibasket e infantiles la diferencia de 50 puntos, se deja de anotar los puntos y solo se van sumando las faltas.

La principal argumentación a esta regla es que así se evita que los equipos de nivel inferior se vayan a casa sin haber sido humillados. Yo llevo jugando a baloncesto desde hace muchos, muchos años, y esta regla a mí no me ha aplicado como jugadora pero sí me acuerdo que en minibasket antes había una regla en la que si te presionaban en los tres primeros cuartos y decías “campo”, las defensoras se tenían que ir a mediocampo a defender. Esa norma se estuvo aplicando hasta mi primer año de alevín, incluido. En segundo, recuerdo que jugamos contra un equipo de Valladolid y allí sí debía estar vigente porque no dejaban de decir campo mientras nosotras presionábamos pasando de lo que decían…

Como jugadora no me ha llegado a aplicar lo del cierre de acta pero como entrenadora sí, igual que el follón de jugar los seis periodos de ocho minutos. Este cambio en el formato de juego, personalmente no me gusta porque si existe mucha diferencia entre los jugadores buenos y los menos buenos, cuadrar todos los periodos es bastante complicado. De hecho, ha habido ocasiones en las que he estado más de media hora intentando que todos los quintetos quedaran más o menos compensados y que todos jugaran más o menos lo mismo. No hay que olvidar que aparte de entrenadores también somos formadores, especialmente en categorías como minibasket.

¿Ganar es importante? Por supuesto. Pero, no lo es todo… Igual de importante es saber ganar como saber perder. Por suerte, me ha tocado dirigir a equipos muy diferentes, con niveles muy dispares. Equipos que funcionaban solos y otros equipos en los que ha tocado remar mucho contracorriente, porque hacerse a los chavales y que los chavales se hagan a ti, es muy complicado. Además de entrenadora, eres profe, eres madre, eres médico, eres enfermera, eres amiga, eres compañera, eres psicóloga, eres un poco de todo… Hay que conocer muy bien a los críos y saber qué funciona con ellos: al que le puedes meter caña, al que le puedes gritar para que se espabile, al que hay que explicarle las cosas mil veces, al que darle un poco más de cariño, etc.

He tenido bastantes entrenadores y de casi todos guardo un buen recuerdo, pero los mejores, sin lugar a dudas, fueron los que me entrenaron en minibasket. Gracias a ellos, conseguí amar tanto este deporte y parte de como soy, se lo debo al baloncesto. Además, es muy bonito cuando después de tantos años, te reencuentras con los chavales, te reconocen y se acuerdan de ti. Creo que es un orgullo para cualquier entrenador, el ser capaz de generar esos sentimientos en sus jugadores.

Por eso, en categorías inferiores tenemos que ser ejemplo. Ser formadores, educadores y todo lo que sea necesario para que nuestros jugadores consigan ser mejores personas gracias al deporte y a los valores que éste genera.

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Me estoy desviando del tema principal, pero escribir sobre baloncesto me remueve mucho… Vuelvo a la formación y el ganar a toda costa. De manera ininterrumpida llevo entrenando ya 11 años.He estado en diferentes clubes y en tantas temporadas he visto de todo. Tengo grabado a fuego en mi memoria un partido que jugamos fuera y el entrenador del otro equipo (un señor ya bastante mayor) insultaba a sus jugadores diciendo que si eran tontos, que estaban haciendo el idiota… Yo me quedé alucinada porque creo que el entrenador debe y es un ejemplo a seguir por sus chavales. Pero, la temporada pasada y, esta vez, en calidad de público, una entrenadora le dijo en palabras textuales a sus niños que “eran unas nenazas“. Repito, una entrenadora. Sí. Una entrenadora. ¿Desde cuándo hacer algo como una chica es algo malo?

Vaya por delante que no soy perfecta ni como persona ni como entrenadora, pero si tengo algo claro es que a los chavales hay que tratarle con mucho cariño y sobre todo con respeto. A veces se nos olvida que la figura del entrenador/formador/profesor aparte de ser un líder, es un modelo a seguir.

¿El resultado es importante? Claro que lo es. Quien diga que lo importante es participar, miente. Y miente mucho. Ganar es importante pero no es lo fundamental. Hoy, sin ir más lejos, hemos perdido por 18 puntos contra un equipo al que ganamos por dos puntos en la primera vuelta. La primera parte ha sido un completo desastre: cada uno haciendo la guerra por su cuenta, sin pasar a los compañeros, la defensa horrorosa… Pero, en la segunda, se han quitado la mochila de 200kg que parecían llevar a la espalda y el partido ha sido completamente diferente. Muchos pases, jugadas bonitas, contraataques… De hecho, uno de los padres nos ha dicho a los entrenadores que esos 20 minutos han sido de los mejores que han jugado en toda la temporada. Los críos al final del partido han preguntado si habíamos ganado. Les hemos dicho el resultado y le hemos quitado hierro al asunto porque, a pesar de la derrota, han hecho cosas muy bien. Y ojo, esta derrota nos deja en tercera posición y, de momento, fuera de las eliminatorias. Pero los chicos son conscientes de cómo han jugado y, a pesar de la primera parte horrorosa que han hecho, en la segunda han jugado muy bien. ¿Con qué me quedo? Lógicamente con las cosas a mejorar, hay mucho trabajo por hacer, pero también me quedo con que, sin haberles dicho nada, los que estaban en el banquillo han empezado a animar a sus compañeros.

Y creo que en minibasket esa parte, la de generar sentimiento de grupo, que todos sean una piña, que se apoyen, que confíen unos en los otros, que tomen decisiones aunque sean erróneas… Todo eso, genera un clima de confianza y una predisposición hacia el aprendizaje mucho mayor.

 

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¿Formadores y educadores? Hoy… No

Es verdad que de un tiempo a esta parte no escribo sobre “Mis pequeños jugones” pero el trabajar y entrenar no me queda demasiado tiempo libre y el poco que dispongo lo utilizo para seguir estudiando, formándome e intentar disfrutar.

Sabes que el baloncesto es una parte muy importante de mí. Llevo jugando 20 años consecutivos y entrenado 12. He visto muchas cosas desde el punto de vista de jugadora, de entrenadora y por supuesto de espectadora pero lo de hoy jamás lo había visto ni vivido. Si es verdad que en un partido hay mucha tensión, hay roces pero en el momento del pitido final, todo acaba, a veces no se olvida al momento, pero se va a felicitar al rival por el encuentro realizado.

Esa es una de las cosas que más intento inculcar a los niños, el respeto al rival. Siempre, después de los partidos hacemos una fila y me pongo la última para así obligar a todos los niños que vayan delante de mí dando la mano al rival. Así ha sucedido hoy, pitido final, derrota por 27 puntos, 20-47, le digo a los críos que vayan a saludar y todos van a ello, pero, de repente, algo pasa, vienen unos padres corriendo diciendo que un rival había agredido a una de mis niñas.

No lo he visto porque estaba hablando con una de las niñas, pero creo fehacientemente en la palabra de los padres. La niña, no ha tenido tiempo de reacción, ha vuelto y me ha comentado que un niño le había pegado en el brazo, al segundo, fruto de los nervios y la tensión se ha puesto a llorar. La madre se ha acercado para comentarme lo que ha pasado y nos hemos puesto a hablar con el árbitro y la mesa. El árbitro, en lugar de lavarse las manos, ha llamado al coordinador de árbitros para ver si se podía hacer algo porque el acta estaba ya cerrada, pero efectivamente nada se podía hacer con el acta cerrada más aún cuando ninguno de los 3 lo hemos visto. Creo que el entrenador del otro equipo sí lo ha visto pero ha preferido callarse, de hecho, ni tan siquiera le ha recriminado la acción, primer aplauso para él.

El revuelo continuaba con los padres protestando por la agresión, pero nada se podía hacer. He hablado tanto con el árbitro y la auxiliar más con la auxiliar porque con ella tengo más relación, la vemos más por el pabellón y le he dicho que pueden ser mejores o peores en comportamiento pero a los míos no les paso ni una falta de respeto. Hace unos meses andaban muy pegones y se insultaban mucho, en cuanto lo veía, castigados sin entrenar más durante ese día. Este tipo de problemas hay que atajarlos de raíz para que no pasen a mayores.

Creo que este tipo de comportamientos deben conllevar consecuencias y más aún ante la actitud prepotente y estúpida del entrenador que achaca y justifica la agresión porque según él mi cría le había provocado. Explico, el niño es el típico que mide cerca del 1,60 con tan solo 9-10 años y todos o prácticamente todos los balones pasan por él, de hecho, ha metido 20 de los 47 puntos de su equipo. Siendo tan superior y acaparando tanto balón es lógico que todos los palos o la mayoría de ellos vayan a él. En una jugada del tercer cuarto se iba por la banda y la cría intentando llegar a por el balón le ha metido la cadera y el brazo (una falta completamente normal en el  transcurso de un partido de pequeños donde la maldad y la picardía no existen) con tan mala suerte que uno de sus compañeros estaba tumbado boca abajo en el suelo, se ha tropezado, ha caído y ya está, se llevaba la mano a la cara pero no creo que la cría le haya dado con intención.

A todo esto, durante los 40 minutos, el equipo contrario ha estado defendiendo en zona, todo el santo partido. Se lo he comentado al árbitro pero ha pasado del tema, ninguno de los niños tenía marca. No suelo entrar en ese juego, pero el reglamento está para cumplirlo y si yo lo hago espero que los demás también lo hagan. Tras aguantar todo el partido en defensa zonal, el entrenador ha protestado una jugada en la que 3 de mis niños han ido a por un jugador suyo, cuando en las bases de la competición el 2 contra 1 está permitido. Evidentemente he contestado diciendo que llevaba todo el partido defendiendo en zona pero no me ha oído o no me ha querido oír…

La discusión con el entrenador al final del partido ha ido subiendo de tono y al final hemos acabado gritándonos. No me parece justo que me achaque la agresividad y la agresión de su niño a que mis niños no saben jugar y muchos menos que la agredida sea la culpable. Repito, él ha ganado el partido, 20-47, 27 puntos de diferencia, ¡¡¡¡27!!!! No ha sido un partido apretado, con tensión, con piques, para nada. Enseguida se han puesto arriba y hemos ido a remolque todo el encuentro excepto en el último cuarto donde los míos han estado más enchufados y han reducido diferencias pero, eso sí, no quedaba tiempo para remontar tanta desventaja.

Este es el primer año que muchos de ellos compiten, de hecho, de 16 que tengo tan solo 5 han competido anteriormente. Para mí, el resultado no importa, quiero que aprendan, que mejoren y que se diviertan, que sepan sacar positivas a las derrotas y que entiendan que hay que saber ganar y perder pero siempre dándole la perspectiva positiva para asegurar la mejora.

Jamás, me había pasado algo de este tipo. Entrenadores de este tipo son los que ensucian este maravilloso deporte, reconoce que tu niño ha actuado  mal, échale una buena bronca y ya está, no me parece justo que le achaques a mi niña toda la responsabilidad cuando ella se ha ido llorando del partido porque tu jugador ha agredido, sí, agredido a mi jugadora.

En plena discusión y en pleno griterío, el árbitro ha comentado que ha estado a punto de pitarle una antideportiva al agresor (no se merece tan siquiera el nombre de jugador) por empujar por detrás, pero ha decidido no hacerlo. No entro en eso, no entro en los lances del partido que se quedan sin pitar o que son pitados erróneamente, al fin y al cabo, los árbitros son personas y también se equivocan aunque, a veces, es inevitable protestar airadamente, pero siempre desde el respeto.

¿Y ahora qué? ¿Ahora qué va a pasar con este niño? ¿Se va a quedar sin sanción? ¿Va a seguir dando muestras de su agresividad partido tras partido? Me han comentado los padres que los propios compañeros de su equipo han dicho que era un pegón.

Y por supuesto, he pedido disculpas a los padres por los gritos que he pegado en el pabellón, no tenía que haber actuado así pero escuchar tanta tontería intentando justificar el acto por parte del otro entrenador me ha hecho estallar. De hecho, viendo que esto no llevaba a nada y antes de decir algo de lo que me pudiera arrepentir, he cogido el acta y me he alejado.

¿Lo peor de todo? Que se trata de niños que tienen entre 8 y 10 años, van a tercero y a cuarto de primaria. Juegan a baloncesto para estar con sus amigos, para aprender, para divertirse y para que nosotros, como entrenadores, les formemos y eduquemos en los magníficos y maravillosos valores que este deporte aporta. Es una lástima que no todo el mundo lo vea así…