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¿Formar o ganar a toda costa? ¿Son ambas compatibles?

Dudas sobre la formación a los chavales a través del deporte

Uno de los últimos artículos que han tenido bastante eco por redes sociales ha sido el de Minibasket y los cerradores de acta.

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Desde hace unas temporadas se aplica una normativa en la que cuando se alcanza, en categorías de minibasket e infantiles la diferencia de 50 puntos, se deja de anotar los puntos y solo se van sumando las faltas.

La principal argumentación a esta regla es que así se evita que los equipos de nivel inferior se vayan a casa sin haber sido humillados. Yo llevo jugando a baloncesto desde hace muchos, muchos años, y esta regla a mí no me ha aplicado como jugadora pero sí me acuerdo que en minibasket antes había una regla en la que si te presionaban en los tres primeros cuartos y decías “campo”, las defensoras se tenían que ir a mediocampo a defender. Esa norma se estuvo aplicando hasta mi primer año de alevín, incluido. En segundo, recuerdo que jugamos contra un equipo de Valladolid y allí sí debía estar vigente porque no dejaban de decir campo mientras nosotras presionábamos pasando de lo que decían…

Como jugadora no me ha llegado a aplicar lo del cierre de acta pero como entrenadora sí, igual que el follón de jugar los seis periodos de ocho minutos. Este cambio en el formato de juego, personalmente no me gusta porque si existe mucha diferencia entre los jugadores buenos y los menos buenos, cuadrar todos los periodos es bastante complicado. De hecho, ha habido ocasiones en las que he estado más de media hora intentando que todos los quintetos quedaran más o menos compensados y que todos jugaran más o menos lo mismo. No hay que olvidar que aparte de entrenadores también somos formadores, especialmente en categorías como minibasket.

¿Ganar es importante? Por supuesto. Pero, no lo es todo… Igual de importante es saber ganar como saber perder. Por suerte, me ha tocado dirigir a equipos muy diferentes, con niveles muy dispares. Equipos que funcionaban solos y otros equipos en los que ha tocado remar mucho contracorriente, porque hacerse a los chavales y que los chavales se hagan a ti, es muy complicado. Además de entrenadora, eres profe, eres madre, eres médico, eres enfermera, eres amiga, eres compañera, eres psicóloga, eres un poco de todo… Hay que conocer muy bien a los críos y saber qué funciona con ellos: al que le puedes meter caña, al que le puedes gritar para que se espabile, al que hay que explicarle las cosas mil veces, al que darle un poco más de cariño, etc.

He tenido bastantes entrenadores y de casi todos guardo un buen recuerdo, pero los mejores, sin lugar a dudas, fueron los que me entrenaron en minibasket. Gracias a ellos, conseguí amar tanto este deporte y parte de como soy, se lo debo al baloncesto. Además, es muy bonito cuando después de tantos años, te reencuentras con los chavales, te reconocen y se acuerdan de ti. Creo que es un orgullo para cualquier entrenador, el ser capaz de generar esos sentimientos en sus jugadores.

Por eso, en categorías inferiores tenemos que ser ejemplo. Ser formadores, educadores y todo lo que sea necesario para que nuestros jugadores consigan ser mejores personas gracias al deporte y a los valores que éste genera.

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Me estoy desviando del tema principal, pero escribir sobre baloncesto me remueve mucho… Vuelvo a la formación y el ganar a toda costa. De manera ininterrumpida llevo entrenando ya 11 años.He estado en diferentes clubes y en tantas temporadas he visto de todo. Tengo grabado a fuego en mi memoria un partido que jugamos fuera y el entrenador del otro equipo (un señor ya bastante mayor) insultaba a sus jugadores diciendo que si eran tontos, que estaban haciendo el idiota… Yo me quedé alucinada porque creo que el entrenador debe y es un ejemplo a seguir por sus chavales. Pero, la temporada pasada y, esta vez, en calidad de público, una entrenadora le dijo en palabras textuales a sus niños que “eran unas nenazas“. Repito, una entrenadora. Sí. Una entrenadora. ¿Desde cuándo hacer algo como una chica es algo malo?

Vaya por delante que no soy perfecta ni como persona ni como entrenadora, pero si tengo algo claro es que a los chavales hay que tratarle con mucho cariño y sobre todo con respeto. A veces se nos olvida que la figura del entrenador/formador/profesor aparte de ser un líder, es un modelo a seguir.

¿El resultado es importante? Claro que lo es. Quien diga que lo importante es participar, miente. Y miente mucho. Ganar es importante pero no es lo fundamental. Hoy, sin ir más lejos, hemos perdido por 18 puntos contra un equipo al que ganamos por dos puntos en la primera vuelta. La primera parte ha sido un completo desastre: cada uno haciendo la guerra por su cuenta, sin pasar a los compañeros, la defensa horrorosa… Pero, en la segunda, se han quitado la mochila de 200kg que parecían llevar a la espalda y el partido ha sido completamente diferente. Muchos pases, jugadas bonitas, contraataques… De hecho, uno de los padres nos ha dicho a los entrenadores que esos 20 minutos han sido de los mejores que han jugado en toda la temporada. Los críos al final del partido han preguntado si habíamos ganado. Les hemos dicho el resultado y le hemos quitado hierro al asunto porque, a pesar de la derrota, han hecho cosas muy bien. Y ojo, esta derrota nos deja en tercera posición y, de momento, fuera de las eliminatorias. Pero los chicos son conscientes de cómo han jugado y, a pesar de la primera parte horrorosa que han hecho, en la segunda han jugado muy bien. ¿Con qué me quedo? Lógicamente con las cosas a mejorar, hay mucho trabajo por hacer, pero también me quedo con que, sin haberles dicho nada, los que estaban en el banquillo han empezado a animar a sus compañeros.

Y creo que en minibasket esa parte, la de generar sentimiento de grupo, que todos sean una piña, que se apoyen, que confíen unos en los otros, que tomen decisiones aunque sean erróneas… Todo eso, genera un clima de confianza y una predisposición hacia el aprendizaje mucho mayor.

 

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Cerrando otra temporada más

Llega junio y con él el final de temporada

Puedo decir que esta temporada ha sido un tanto extraña con muchas alegrías y alguna que otra decepción especialmente en estos últimos meses donde el bajón en cuanto a juego ha sido sustancial haciendo que en el torneo marca hayamos realizado nuestros peores partidos…

A nivel de entrenadora ha sido una temporada bastante agradable. Con los peques de la escuela he acabado muy contenta, los progresos han sido notables y he podido entrenar a un grupo bastante majete. A pesar de que han sido 16 años en términos generales he acabado muy contenta a nivel de aprendizaje y a nivel personal. En cuanto al equipo que compite ha sido más complicado de llevar y de guiar al grupo por el buen camino. Mucha mano dura, niños un poco rebeldes, un grupo en el que no todos se llevan bien, con grupitos diferenciados pero a nivel de juego los progresos han sido espectaculares. Algo que hay que tengo muy en cuenta es que a estas edades, los niños son esponjas y su capacidad de aprendizaje es brutal. He tenido este año niños que era su primer año en competición que no sabían botar ni entrar y han acabado con kilos de confianza en su juego y sabiendo hacer hasta entradas pasándose el balón por detrás de la espalda.

Esta temporada también he vivido el que ha sido mi capítulo más desagradable desde que llevo en esto del baloncesto. Aún sigo preguntándome y pensando cómo un entrenador, un formador, puede justificar la agresión de su jugador a un compañero rival. Soy de las que piensan que en el partido pasan unas cosas y fuera de él, todo se olvida. Hay veces que la tensión, la presión, incluso nuestro ánimo afectan y puede ser que el nivel de agresividad sea mayor pero una vez que terminan los 40 minutos de juego, se acabó. Es hora de dar la mano al rival, felicitarle por el partido realizado y a otra cosa… Soy de las que meten palos bastante fuertes, suelo hacer faltas contundentes pero siempre pido perdón si veo que me he pasado, nunca voy con intención de hacer daño o provocar lesiones. De hecho, una vez siendo cadete jugando, lesioné a una jugadora del equipo rival, fue el típico bocadillo (choque rodilla con rodilla) y ella salió peor parada y no volvió a jugar. Ni recuerdo cuántas veces le pregunté que qué tal estaba ni cuántas le pedí perdón.

En cuanto a las frutas, la temporada ha ido muy bien. Después de tantos años jugando, hemos adquirido un buen nivel de compenetración y comunicación entre todas nosotras y eso se traslada a la pista. De hecho, hemos sido el equipo que más puntos ha anotado y el que menos ha recibido, llegando en uno de los partidos a 95 puntos, teniendo una media por partido de 46 puntos anotados y unos 24 recibidos. En liga, perdimos solo un partido, en el que jugamos fatal. No salía absolutamente nada y luego también perdimos la final en el que acusamos que nuestra liga terminara a finales de febrero. Llegamos faltas de rodaje, de físico, pero bueno, eso no empaña lo bien que hemos jugado este año.

Y esta temporada ha habido otra novedad… He sido también futbolera. La portera además… Hemos perdido casi todos los partidos pero la mejora en las semanas que estuvimos entrenando la mejoría fue patente. En el momento que dejamos de entrenar se vino todo un poco abajo. También hemos contado con varias bajas que han lastrado un poco al equipo en cuanto a número de jugadoras, afrontando la gran mayoría de ellos, siendo 7-8 personas. Me ha gustado jugar a fútbol, ha sido una forma de hacer deporte sin la presión que para mí supone el baloncesto. Un divertimento, me ha servido para destensar pero también ha supuesto lesiones en forma de esguinces de dedos y un problema en el pulgar de la mano izquierda que me impide coger cosas de peso e incluso poder doblarlo con normalidad, además de moratones en las piernas por las patadas, arañazos por los dichosos campos de hierba artificial, un ojo morado por culpa de un codazo y un largo etcétera.

La temporada que viene espero que más y mejor… 😉

La última batalla de la temporada

Domingo, 6 de abril a las 11:45. Final de la liga de baloncesto. Nosotras estamos en ella tras haber quedado primeras del grupo de los domingos y nos enfrentamos a las campeonas de los sábados.

La liga, nuestra liga, ha ido mejor de lo que pensábamos. Esta temporada, hemos tenido una plantilla corta, excesivamente corta. Comenzamos la temporada siendo 9 jugadoras pero, a finales de noviembre una de las compañeros decidió darse de baja por motivos personales, nos quedamos 8 de las cuales 2, apenas han jugado por tener diferentes compromisos los domingos siendo incompatibles sus actividades con los horarios de los partidos. Prácticamente se puede decir que hemos jugado toda la temporada 6-7 personas. Hubo un partido en el que éramos 4 a falta de un minuto para comenzar y justo en el momento en que la árbitro pitaba el inicio de encuentro apareció como caída del cielo, el partido lo ganamos al igual que hemos ganado 13 de los 14 partidos disputados, once de ellos de manera consecutiva.

Hemos cuajado una excelente temporada, siendo el equipo más anotador con un promedio de 44,85 puntos y siendo el mejor equipo defensivo encajando tan solo 23,28 puntos, todo ello jugando 4 cuartos de 12 minutos a tiempo corrido a excepción del último minuto del último cuarto. Nuestro tope anotador han sido 95 puntos, nos quedamos a tan solo 5 de llegar a 100 y nuestra peor anotación fue en el partido que perdimos donde tan solo anotamos 22 puntos.

A nivel individual, ha sido un buen año, un excelente año. Me he encontrado muy a gusto jugando, promediando 12,07 puntos en trece partidos disputados (hubo uno que no jugamos porque las rivales tan solo presentaron 4 fichas), llegando a mi tope anotador con 38 puntos, 18 conseguidos en el último cuarto y anotando en ese mismo partido 6 triples siendo mi récord personal. Nunca antes había metido 6 triples, el máximo estaba en 5 que he conseguido 3 ó 4 veces.

Físicamente me he encontrado bien, el combinar fútbol y baloncesto, me ha ayudado a llegar a un estado de forma más o menos aceptable pero a nivel físico he ido arrastrando diferentes molestias: un tirón en el cuadríceps, torceduras de tobillo y sobre todo problemas en los dedos, molestias en el dedo anular de la mano derecha ya solucionados y una capsulitis en el pulgar de la mano izquierda que llevo arrastrando desde el pasado diciembre. Ambas lesiones, fruto del fútbol y de ser la portera. La rodilla, curiosamente no me ha dado ningún problema, de hecho, me he encontrado esta temporada como nunca. Hacía años que no me divertía tanto, que no me lo pasaba tan bien jugando, me he vuelto a reencontrar con el baloncesto y no puedo estar más contenta, además, los resultados han acompañado, ¿qué más puedo pedir?

Pues, puesta a pedir, me encantaría ganar el domingo. ¿Por qué? Pues porque en 20 años que llevo jugando a este deporte, apenas he jugado finales importantes (finales de torneo he jugado muchas :P) y mi balance de finales está en un 1-1. Una derrota en la primera final que jugué cuando era benjamín de 2º año la cual perdimos por tan solo un punto, se jugaba a doble vuelta y perdimos por el basket average y una final de liga ganada siendo cadete de primer año que nos dio el Campeonato de Madrid y el acceso junto al equipo rival al Campeonato de España, en el cual quedamos terceras. Desde entonces, desde aquel lejano 2002 no he vuelto a jugar otra final.

Ha llovido mucho desde entonces, desde que soy sénior, he pasado por 4 equipos, 3 de ellos de categoría municipal y el restante en 2ª autonómica y en este tiempo he echado de menos las dinámicas de entrenamientos dos, tres veces semanales, el jugar en Mordor a las 9 de la mañana un domingo y, sinceramente lo sigo echando de menos. Pero, lo que nunca he dejado de sentir es el cosquilleo y los pequeños nervios en el salto inicial. Quizás en el tiempo que llevo jugando mi bagaje de victorias-derrotas sea negativo, quizás haya perdido más partidos de los que he ganado, he sufrido mucho con este deporte pero me ha dado mucho, muchísimo y espero que me lo siga dando durante mucho más tiempo.

El domingo a las 11:45, se libra la última batalla de la temporada. La batalla que decidirá qué equipo es campeón y de la cual esperamos salir victoriosas.

“Es que me encanta jugar a baloncesto […], soy feliz, quiero entrenar, quiero jugar y quiero seguir disfrutando.

Amaya Valdemoro – Pasión por jugar

¿Formadores y educadores? Hoy… No

Es verdad que de un tiempo a esta parte no escribo sobre “Mis pequeños jugones” pero el trabajar y entrenar no me queda demasiado tiempo libre y el poco que dispongo lo utilizo para seguir estudiando, formándome e intentar disfrutar.

Sabes que el baloncesto es una parte muy importante de mí. Llevo jugando 20 años consecutivos y entrenado 12. He visto muchas cosas desde el punto de vista de jugadora, de entrenadora y por supuesto de espectadora pero lo de hoy jamás lo había visto ni vivido. Si es verdad que en un partido hay mucha tensión, hay roces pero en el momento del pitido final, todo acaba, a veces no se olvida al momento, pero se va a felicitar al rival por el encuentro realizado.

Esa es una de las cosas que más intento inculcar a los niños, el respeto al rival. Siempre, después de los partidos hacemos una fila y me pongo la última para así obligar a todos los niños que vayan delante de mí dando la mano al rival. Así ha sucedido hoy, pitido final, derrota por 27 puntos, 20-47, le digo a los críos que vayan a saludar y todos van a ello, pero, de repente, algo pasa, vienen unos padres corriendo diciendo que un rival había agredido a una de mis niñas.

No lo he visto porque estaba hablando con una de las niñas, pero creo fehacientemente en la palabra de los padres. La niña, no ha tenido tiempo de reacción, ha vuelto y me ha comentado que un niño le había pegado en el brazo, al segundo, fruto de los nervios y la tensión se ha puesto a llorar. La madre se ha acercado para comentarme lo que ha pasado y nos hemos puesto a hablar con el árbitro y la mesa. El árbitro, en lugar de lavarse las manos, ha llamado al coordinador de árbitros para ver si se podía hacer algo porque el acta estaba ya cerrada, pero efectivamente nada se podía hacer con el acta cerrada más aún cuando ninguno de los 3 lo hemos visto. Creo que el entrenador del otro equipo sí lo ha visto pero ha preferido callarse, de hecho, ni tan siquiera le ha recriminado la acción, primer aplauso para él.

El revuelo continuaba con los padres protestando por la agresión, pero nada se podía hacer. He hablado tanto con el árbitro y la auxiliar más con la auxiliar porque con ella tengo más relación, la vemos más por el pabellón y le he dicho que pueden ser mejores o peores en comportamiento pero a los míos no les paso ni una falta de respeto. Hace unos meses andaban muy pegones y se insultaban mucho, en cuanto lo veía, castigados sin entrenar más durante ese día. Este tipo de problemas hay que atajarlos de raíz para que no pasen a mayores.

Creo que este tipo de comportamientos deben conllevar consecuencias y más aún ante la actitud prepotente y estúpida del entrenador que achaca y justifica la agresión porque según él mi cría le había provocado. Explico, el niño es el típico que mide cerca del 1,60 con tan solo 9-10 años y todos o prácticamente todos los balones pasan por él, de hecho, ha metido 20 de los 47 puntos de su equipo. Siendo tan superior y acaparando tanto balón es lógico que todos los palos o la mayoría de ellos vayan a él. En una jugada del tercer cuarto se iba por la banda y la cría intentando llegar a por el balón le ha metido la cadera y el brazo (una falta completamente normal en el  transcurso de un partido de pequeños donde la maldad y la picardía no existen) con tan mala suerte que uno de sus compañeros estaba tumbado boca abajo en el suelo, se ha tropezado, ha caído y ya está, se llevaba la mano a la cara pero no creo que la cría le haya dado con intención.

A todo esto, durante los 40 minutos, el equipo contrario ha estado defendiendo en zona, todo el santo partido. Se lo he comentado al árbitro pero ha pasado del tema, ninguno de los niños tenía marca. No suelo entrar en ese juego, pero el reglamento está para cumplirlo y si yo lo hago espero que los demás también lo hagan. Tras aguantar todo el partido en defensa zonal, el entrenador ha protestado una jugada en la que 3 de mis niños han ido a por un jugador suyo, cuando en las bases de la competición el 2 contra 1 está permitido. Evidentemente he contestado diciendo que llevaba todo el partido defendiendo en zona pero no me ha oído o no me ha querido oír…

La discusión con el entrenador al final del partido ha ido subiendo de tono y al final hemos acabado gritándonos. No me parece justo que me achaque la agresividad y la agresión de su niño a que mis niños no saben jugar y muchos menos que la agredida sea la culpable. Repito, él ha ganado el partido, 20-47, 27 puntos de diferencia, ¡¡¡¡27!!!! No ha sido un partido apretado, con tensión, con piques, para nada. Enseguida se han puesto arriba y hemos ido a remolque todo el encuentro excepto en el último cuarto donde los míos han estado más enchufados y han reducido diferencias pero, eso sí, no quedaba tiempo para remontar tanta desventaja.

Este es el primer año que muchos de ellos compiten, de hecho, de 16 que tengo tan solo 5 han competido anteriormente. Para mí, el resultado no importa, quiero que aprendan, que mejoren y que se diviertan, que sepan sacar positivas a las derrotas y que entiendan que hay que saber ganar y perder pero siempre dándole la perspectiva positiva para asegurar la mejora.

Jamás, me había pasado algo de este tipo. Entrenadores de este tipo son los que ensucian este maravilloso deporte, reconoce que tu niño ha actuado  mal, échale una buena bronca y ya está, no me parece justo que le achaques a mi niña toda la responsabilidad cuando ella se ha ido llorando del partido porque tu jugador ha agredido, sí, agredido a mi jugadora.

En plena discusión y en pleno griterío, el árbitro ha comentado que ha estado a punto de pitarle una antideportiva al agresor (no se merece tan siquiera el nombre de jugador) por empujar por detrás, pero ha decidido no hacerlo. No entro en eso, no entro en los lances del partido que se quedan sin pitar o que son pitados erróneamente, al fin y al cabo, los árbitros son personas y también se equivocan aunque, a veces, es inevitable protestar airadamente, pero siempre desde el respeto.

¿Y ahora qué? ¿Ahora qué va a pasar con este niño? ¿Se va a quedar sin sanción? ¿Va a seguir dando muestras de su agresividad partido tras partido? Me han comentado los padres que los propios compañeros de su equipo han dicho que era un pegón.

Y por supuesto, he pedido disculpas a los padres por los gritos que he pegado en el pabellón, no tenía que haber actuado así pero escuchar tanta tontería intentando justificar el acto por parte del otro entrenador me ha hecho estallar. De hecho, viendo que esto no llevaba a nada y antes de decir algo de lo que me pudiera arrepentir, he cogido el acta y me he alejado.

¿Lo peor de todo? Que se trata de niños que tienen entre 8 y 10 años, van a tercero y a cuarto de primaria. Juegan a baloncesto para estar con sus amigos, para aprender, para divertirse y para que nosotros, como entrenadores, les formemos y eduquemos en los magníficos y maravillosos valores que este deporte aporta. Es una lástima que no todo el mundo lo vea así…

Ni un insulto más: campaña contra la violencia en el baloncesto de formación.

Esa es la campaña recogida en la plataforma change.org para recoger firmas y hacérsela llegar al presidente de la Federación Baloncesto Madrileña, Juan Manuel Martín Caño, tras los desagradables acontecimientos ocurridos hace unas semanas en el encuentro que enfrentaba a San Agustín de Guadalix contra el Cadete C de Estudiantes.

En la crónica publicada en la página web del Club, Raúl Moreno, entrenador del Cadete C, explica el ambiente vivido en la cancha de la localidad madrileña y es completamente vergonzoso el compartimiento de algunos energúmenos que no se dan cuenta que esto es simplemente deporte, que los críos, los chavales juegan porque les gusta y que nosotros, entrenadores, estamos para formarles y educarles a través de los fantásticos y maravilloso valores que transmite el baloncesto. Labor que muchas veces queda desautorizada y en segundo plano por comportamientos como éstos, donde tuvo que intervenir incluso la policía ante la magnitud de la situación, con punteros láser, insultos y comportamientos racistas…

Entiendo que hay partidos que son más calientes, en los que los nervios están a flor de piel pero nada, absolutamente nada, justifica que haya insultos o comportamientos antideportivos como los de estos padres. ¿Qué valores están transmitiendo a sus hijos si se comportan así? Desde luego, ninguno positivo. Al contrario, están justificando la violencia ante sus propios hijos.

Como jugadora, me ha tocado vivir situaciones parecidas, sin llegar a tanto nivel de violencia porque al fin y al cabo somos chicas y los padres no se suelen exaltar tanto como con los chicos. Era alevín de segundo año, no ha llovido nada desde entonces, y jugábamos fuera, en el pabellón de San Blas. Partido igualado, con toda la grada gritándonos y abucheándonos cada vez que cogíamos el balón y el entrenador de las otras completamente loco. Tal fue su locura que le pegó una patada al banquillo y el árbitro, consecuentemente, le pitó técnica y me tocó tirar a mí los tiros libres. Recuerdo perfectamente estar en la línea de tiros libres y la grada, dando patadas en el suelo y abucheando, me temblaba todo el cuerpo ante tal situación, nunca me he puesto tan nerviosa en un partido como en esos tiros libres en los que las piernas no me respondían. Repito, alevines de segundo año, es decir, 11-12 años. ¿Lo mejor de todo? Que a pesar de todo, ganamos el partido.

Energúmenos hay en todos lados y quizás en el mundo del deporte haya más, por eso mismo, se debe atajar a toda esta gentuza que lo único que hace es empañar los fines de semana que los chavales esperan con tanta ansiedad y emoción y en el que los protagonistas deben ser los jugadores no los padres.

Por eso te invito a que firmes la petición en change.org, no tardarás más de dos minutos,  porque este es “un problema real que está afectando a lo más importante, la formación como personas de nuestros niños/as y jóvenes a través del deporte, independientemente del grado de competición y categoría de los equipos. Todos los agentes que intervenimos debemos dar a nuestros hijos y a los de los demás un ejemplo exquisito. No se puede seguir permitiendo desde ninguno de los estamentos y personas implicadas que se sigan produciendo insultos, amenazas, y que además, no siempre sean ni denunciados ni atendidos con la responsabilidad que el propio Reglamento exige.

Es por ello por lo que solicitamos al Presidente, que sin miedo y de forma urgente, emprenda una campaña de concienciación y de asunción de responsabilidades de todos los clubes, árbitros y mesas, padres y afición en general para que entre todos erradiquemos de nuestras canchas cualquier atisbo de violencia y/o comportamientos impropios. Todos podemos contribuir a cambiar y mejorar y la Federación debe ser la vía natural para que la información nos llegue a todos.”

https://www.change.org/es/peticiones/presidente-federaci%C3%B3n-baloncesto-madrid-ni-un-insulto-m%C3%A1s-campa%C3%B1a-contra-la-violencia-en-el-baloncesto-de-formaci%C3%B3n#share

Admiración…

… esa es la palabra que mejor define la cara que se les quedó a los niños cuando hice un mate, mejor dicho, el intento de mate. No me colgué porque las normas del cole lo impiden, eso y porque la canasta es bastante endeble y no quería estropiciarme la cabeza…

Me gusta mucho el baloncesto, me gusta entrenar y me gusta enseñar y transmitir mi pasión y amor por este deporte, eso intento cuando entreno y formo a los peques y ¿qué mejor que esa respuesta? Esa inocencia, ese corazón puro, esa fragilidad, esas risas que te sacan cuando dicen o hacen alguna tontería, cuando se traban al hablar, cuando te hablan con emoción por haber sacado un diez en mates o porque simplemente les sale un cambio entre las piernas o porque hacen una entrada dando los pasos. Sigue leyendo

Semana baloncestística

Así se pueden definir mis últimos 7 días. El lunes comenzaba en un nuevo cole a entrenar, niñas de 3º y 4º de Primaria que juegan en municipales y que, por primera vez, se separan de los chicos y se han sacado equipos tanto masculinos como femeninos en lugar de mixtos.

El grupo es majete, 11 niñas de las cuales todas saben más o menos jugar, se saben las normas y eso es para empezar es más que suficiente. El lunes fue un poco caótico, presentación, algún juego y poco más pero el miércoles comenzó lo bueno, preparé un entrenamiento bastante exigente a nivel físico y acabé muy contenta con el resultado, mucha carrera y sobre todo mucha defensa, el no conformarse con llegar sino que hay que ponerse Sigue leyendo