Descubrir Valencia en 40 horas

Descubre Valencia en solo 40 horas

Este fin de semana he tenido la oportunidad de visitar Valencia. La conocía de haber estado tan solo una vez hará 12-15 años pero en estos días he tenido la oportunidad de conocerla un poco más. No a fondo, pero sí algunas de las cosas imprescindibles. Así que…¡Comenzamos!

He estado alojada en el Hotel Sol Playa situado en plena playa de El Cabañal, pegando a la Marina Real Juan Carlos I. El hotel tiene dos estrellas y cuenta con lo necesario. Estuve en una habitación con dos camas de 1,35, baño y vistas a la playa (impagable levantarse y ver el mar). En la reserva iba incluido el desayuno que, a pesar de no ser buffet, contaba con lo necesario. Café, leche, infusiones, agua, nesquik, pan de molde, tostadora, mantequilla, mermelada, jamón, queso, cereales, zumo y yogures. Algo sencillito pero resultón.

Llegar a las 23:00 horas a Valencia, en diciembre y cerca de la playa tiene como gran inconveniente que muchos de los restaurantes tienen cerrada ya la cocina o bien están cerrados por no ser temporada de verano. Así que tocaba bajar a cenar y nos decidimos por Vivir Sin Dormir, un local-restaurante-garito en el que nos tardaron en servir, para ponernos dos sándwiches y un trozo de chocolate, casi una hora. El sándwich no estaba mal, la tarta la pedimos de tres chocolates y resultó ser de una tarta normal de chocolate. El precio total fue de 22,50 tomándonos los sándwiches, la tarta y dos refrescos.

El sábado, mapa en mano, zapatillas cómodas y a patear la ciudad. Bordeando toda la Marina Real Juan Carlos I, sede de la Copa América de Vela, llegamos hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Alguna foto a los edificios y para el Oceanogràfic donde estuvimos casi 3 horas recorriendo cada uno de los lugares del acuario más grande de toda Europa. Tras la visita, seguimos andando e hicimos parada en un Burger King para comer. Sí, lo sé, no es el mejor sitio, pero el hambre y los pies empezaban a doler…

Una vez repuestas las fuerzas, seguimos rumbo a la Catedral, siguiendo el cauce del Turia, disfrutando del parque de Gulliver, el Palau de la Música y la Porta de la Mar. Pasamos de primeras la Catedral para ver la fachada más estrecha de Europa y disfrutar de la Plaza Redonda. Ahora sí, retrocedimos para disfrutar de la Catedral y mentalizarnos para subir los 207 escalones del Miguelete. Subimos cuando era de noche y personalmente las vistas no me gustaron demasiado, seguramente de día o en el momento de atardecer se disfruta más (queda apuntado para la próxima vez).

Una vez visto el centro, decidimos volver en metro hasta el hotel para asearnos un poco, descansar e ir a la Feria que había en Marina Real Juan Carlos. Mientras íbamos paseando, leímos un menú de 6,90 en el que se incluía bebida, postre y café y sin pensárnoslo dos veces entramos en el Bar Richmond’s.

Una vez terminada la cena, nos acercamos hasta la Feria y nos llevamos un gran chasco. Apenas había gente y los puestos estaban empezando a cerrar y eran las ¡¡11 de la noche!! Aunque hay que reconocer que, por lo menos este fin de semana, apenas había gente por la calle y tampoco había mucho tráfico.

Tras dar una vuelta, decidimos volver al hotel, descansar y afrontar el último día en Valencia. He de reconocer que a mí la playa me puede. Estoy deseando que lleguen las vacaciones de verano para escaparme de la ciudad y que se me quiten todos los dolores paseando por la arena, nadando,… No metí el bañador pero sí es verdad que ayer me arrepentí de no haberlo hecho porque a pesar de que el agua estaba un poco fría, el baño era posible, así que tocó remangarse los pantalones, pasear, mojarse los pies y disfrutar del mar.

Una vez dado el paseo, pusimos rumbo hacia la zona que nos quedaba por recorrer e hicimos parada técnica en la Panadería Cardo (en la de Justo Villar) donde compré una coca y unas bolsas de rosquilletas. Seguimos subiendo hasta que dimos con un restaurante (Restaurante María) en el que el menú costaba 7,50 incluyendo bebida y postre. Siendo domingo y estando en Valencia casi que era un sacrilegio no comer paella y eso fue lo que pedí junto a un churrasco de ternera que estaba bastante bueno para terminar con un cachito de tarta de chocolate.

Una vez finalizada la comida, regresamos al hotel haciendo antes una parada en La Jijonenca para tomarnos un café. Con el café en el cuerpo ya solo quedaban afrontar los 350 kilómetros de regreso a casa.

Gastado en total durante el fin de semana: 90€ (hotel, más comidas y gasolina) + 27€ de las entradas (Ocenagràfic: 25€ y 2€ del Miguelete)

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