El valor de ser atípico

Desde ayer, la cantante cordobesa Vega está desgranando una a una las canciones que componen su nuevo y rompedor disco titulado Wolverines que saldrá a la luz el próximo septiembre.

En la entrada de hoy, titulada Treinta y Tantos habla de la inexperiencia y de la ingenuidad de cuando lanzó al mercado su primer disco India y hace un breve repaso a lo largo de estos años llenos de cambios y de imposiciones por parte de las discográficas para terminar con las siguientes frases:

“El valor de ser atípico. Me reconcilié con el vértigo y empecé a disfrutar de la montaña rusa en la que estoy subida: mi vida.”

Llevo sentada delante del ordenador un buen rato desgranando cada una de las palabras que componen estas frases. La importancia de ser diferente, de no seguir las leyes impuestas, las pautas marcadas por la sociedad, por los gobiernos, por los ciudadanos. La importancia de ser cada uno, único en nuestro especie, con nuestras virtudes y nuestros defectos, con aquello que nos caracteriza, ser cada uno mismo sin importar el qué dirán, sin pensar, sin intentar satisfacer a nadie, siguiendo nuestro camino sin problemas, sin imposiciones.

El valor de no tener que escondernos por cómo pensamos, por cómo queremos, en definitiva, por ser cómo somos.

Vértigo, tantas y tantas veces se siente vértigo, ante los nuevos retos, ante las nuevas pruebas que nos pone la vida a lo largo de los años. Sentimos vértigos ante los cambios en nuestra zona de confort, ante los nuevos retos, ante los nuevos trabajos, ante los estudios, ante las amistades, ante todo aquello que se sale de nuestra cotidianidad, de nuestro día a día. Miedo y temor ante aquello que altera nuestra supuesta estabilidad, unos se atreven, saltan y cogen el tren, otros titubean y lo cogen en el último segundo y otros simplemente lo dejan escapar a la espera de que llegue otro.

El vértigo que se siente al montar en una montaña rusa, subidas, bajadas, giros, rizos a alta velocidad. Sin tiempo de disfrutar, sin tiempo de observar lo que sucede a alrededor, sin muchas veces tiempo de gritar, de descargar la adrenalina que se acumula… La montaña rusa equivalente a nuestra vida, una vida en la que se suceden instantes que transcurren, muchos de ellos, a toda velocidad, sin tiempo de asimilarlo, sin tiempo de disfrutarlos, sin tiempo ni tan siquiera de saborearlos…

Cuando quieras darte cuenta no estaré, ya me habré ido

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