11 de marzo…

… y van 9 desde aquel fatídico jueves de 2004 que paró por unos instantes la vida de tantos de nosotros… Desde entonces, el 11 es un número que está demasiado presente en mi camino.

Mi abuelo falleció un 11 de mayo, mi abuela un 5 de noviembre, siendo el mes curiosamente el número 11 y ya para rizar el rizo ambas cifras 11-5 y del 5-11 coinciden pero del revés. Recientemente, justo el mes pasado, el 11 de febrero, fallecía una tía de mi madre en Zamora.

Recuerdo con total nitidez aquel 11 de marzo de 2004. 9 años después, recuerdo cada paso que di desde que escuché las bombas hasta que llegué al colegio, con toda la avalancha de ambulancias, bomberos y policías recorriendo las calles, gente asustada, llorando, derrumbada por lo que le había tocado vivir en Atocha, la llegada al cole, los primeros minutos tras enterarnos de la noticia, la explosión de otra bomba, la vuelta a casa, el silencio por la tarde en la calle, el dolor ahogado tras las lágrimas, el punto de oración, solemnidad y respeto instalado en la calle Téllez, la gente en la calle pidiendo la verdad, mostrando su repulsa ante la barbarie, ante el terror, ante el dolor, ante los terroristas que sesgaron la vida de 192 personas y dejaron heridas a más de 2.000.

Sigue siendo inevitable emocionarme al recordar aquellos días…

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  1. La_Mery1985

    Es imposible no olvidarse de ese día en concreto, recuerdo que cuando me enteré de la primera bomba iba en el autobús escuchando los 40 principales (el programa Anda Ya) y ahí fue dónde lo dijeron; luego llegué al instituto y los profesores nos fueron diciendo cómo iban las cosas. Tenía justo ese día un examen de psicología que la profe nos dijo que si queríamos no lo hiciéramos. Después del recreo no pude más y me fui para casa, en cuanto llegué corriendo llamé a mi madre para ver cómo estaba, ya que pasaba por ahí con el coche, pero no le pilló.
    Al día siguiente me enteré que una amiga iba en uno de los trenes que iban para Atocha, por suerte apenas se hizo nada. Todavía recuerdo cómo rompí a llorar al enterarme, más por impotencia y rabia que por otra cosa.
    No tenían derecho a hacer lo que hicieron. Ni esa vez ni ninguna otra vez que se utilice la violencia para pedir algo, sea lo que sea.

    Me ha gustado tu entrada, mucho, me ha recordado varias cosas la verdad.

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    • elecapo87

      Fue un día duro y complicado… Recuerdo que miré el reloj y marcaban las 7:37, entré al baño, me eché colonia y, de repente, escuché un golpazo y a los dos segundos dos más, lo primeros que pensé fue que se había caído la puerta del garaje de mi casa (vivo en un primero) y la verdad es que no le dí más importancia. Cogí la mochila y salí de casa para ir rumbo al colegio.

      Enfilé Avenida Ciudad de Barcelona y tan solo pasaban ambulancias, camiones de bomberos y coches de policía y lo que más recuerdo es el olor, aún me sigue siendo complicado describirlo porque nunca antes lo había sentido y desde entonces no lo he vuelto a sentir de aquello manera.

      De repente, se comienza a visualizar una humareda que parecía proceder de alguna de las casas de la calle Téllez. Seguimos nuestro camino y una señora completamente desencajada a la que le preguntamos lo que pasaba nos comenta que ha habido un atentando, unas bombas en Atocha… Continuamos y nos asomamos a uno de los miradores de las oficinas y vimos los andenes, la gente corriendo, el humo, el caos…

      Llegamos al colegio (Virgen de Atocha) y fue en ese momento cuando tomamos conciencia de la magnitud de lo que había pasado. Una profesora aguardaba completamente desencajada la llegada de los alumnos, preguntando a cada uno si nos había pasado algo ya que había habido un accidente en las vías… Poco a poco, la clase se va llenando y las noticias comienzan a llegar a través de las radios.

      Las clases se paralizaron porque todos teníamos la cabeza puesta en otro lado, había alumnos heridos (por suerte todos leves) y una nueva amenaza de bomba que acabó con la explosión controlada de la misma.

      Con este panorama, decidieron sacarnos a todos al patio para que, ordenadamente, los voluntarios de Protección Civil, nos evacuaran del colegio ante la imposibilidad de impartir clase y sobre todo ante la amenaza de una nueva bomba…

      Recuerdo, además, llegar a casa sobre las 11-11:30, tan solo habían pasado 3 horas desde el atentado que parecieron toda una eternidad…

      Además del olor, recuerdo con mucho dolor el silencio que había por la calle esa tarde. Sobre todo, al acercarme a la calle Téllez, donde la solemnidad, el dolor, el silencio y la oración se unían para expresar la repulsa ante este terrible atentado que sesgó la vida de cientos de personas.

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