Cojo rumbo…

 

… a Viena. Tras pasar tres días en Praga, el pasado Martes ponía rumbo a Austria. Aguardaban 5 horas de autocar hasta llegar a la capital austriaca, donde pudimos disfrutar de la majestuosidad del Palacio de Belvedere, el Palacio de Schönbrun, residencia de verano de la Reina María Teresa donde tuvimos la ocasión de entrar y disfrutar de algunas de las estancias de este “palacete”. Destacar las salas decoradas con estilo chino, los tapices preciosos y como curiosidad la sala en la que hay una cama y que era donde la Reina recibía a las visitas cuando era demasiado pronto o demasiado tarde para recibirles en alguna sala de palacio, también me gustaría destacar la presencia de diferentes puertas que daban lugar a un enrevesado laberinto por donde el servicio llenaba las estufas de carbón y por donde acortaban para ir de un lugar a otro de palacio.

Tras la visita por esta auténtica maravilla, nos dejaron tiempo libre para disfrutar de los jardines de Palacio, que eran espectaculares.

Esa misma tarde, nos llevaron hasta el Prater, un parque repleto de atracciones y entre ellas la famosa noria (subirse cuesta 8€). Las atracciones que hay, son las típicas de cualquier feria, sillas voladoras, coches de choque, montañas rusas, cuyos precios oscilan entre los 2-4 euros, existiendo atracciones más caras, como una catapulta que cuesta 15€ o las sillas voladoras que suben a más de 100 metros de altura cuyo precio era de 5€.

Al día siguiente, pudimos disfrutar de la maravillosa Catedral de San Esteban, cuya fachada están restaurando y adecentando, el parque de Mozart, la Ópera, el Parlamento, la Iglesia Votiva y sobre todo de la zona centro, donde se encuentra una columna de la peste y la tienda-museo de Swarosky (100% recomendable).

Al igual que en Praga, la última cena en Viena, fue en Grinzing, un pequeño pueblo de viticultores donde degustamos un vino blanco excelente, además de comida rica, rica, para finalizar con la típica Apfelstrudel (tarta de manzana).

Para finalizar decir que Viena no tiene el encanto de Praga o de Budapest, porque es una ciudad más moderna, la gente es mucho más seca, muy cordial en el trato, mucho más caro que en las otras ciudades, pero aún así Viena es una ciudad que me recordaba mucho a París.

 

 

 

Vista de Viena desde las alturas

 

 

 

 

 

Naruto en la calle comercial

 

 

 

 

 

 

Iglesia Votiva y alrededores

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