¿Te has…

 

… dado cuenta de la foto que acompaña el banner? Pues creo que la entrada de hoy, va a dar un poco de envidia, pero allá voy.

La foto corresponde a una de las muchas centrales térmicas que pueblan Sudáfrica, aunque muchas de ellas están ya en desuso y son utilizadas con diversos fines. En el caso, de ésta, está situada en Pretoria y si te fijas bien, de un reactor a otro hay una especie de malla que les une, pues bien, esa malla, esa red, esa estructura que sirve de unión, no es ni más ni menos, un punto de salto de bunging.

¿Cómo lo sé? Porque esa foto la hice el pasado julio, en mi particular y extraordinario verano. Estuve en Sudáfrica del 9 al 16 de julio, sí, coincidiendo con las fechas del Mundial de fútbol y, sí, estuve en la final en la que España quedó Campeona del Mundo frente a Holanda en el Soccer City de Soweto.

¿Cómo llegué hasta allí? Pues, fue puro azar. Con el diario Marca, daban un pasaporte para el mundial, el cual había que rellenar, junto 5 cupones, el premio gordo, era ir del 9 al 16 de julio a Sudáfrica y poder vivir la final del Mundial desde el estadio, luego había más premios como merchandising del torneo y sorteaban, además, entradas para la zona VIP de la explanada del Santiago Bernabeu y disfrutar de los partidos de España desde allí.

Le pregunté a mi padre si iba a comprar el periódico esos días, me contestó que sí, y los fui juntando y pegando poco a poco, he de decir que yo quería que me tocara las chorraditas del torneo, un pin, un portallaves, un balón, para nada, entraba dentro de mis planes lo demás.

El lunes, 21 de junio, fuimos una amiga y yo a echar el pasaporte a la explanada del Bernabeu y sin tiempo de disfrutar del ambiente que había, cogimos el metro rumbo a Alonso Martínez, porque actuaba Conchita en Búho Real y teníamos las entradas.

Al día siguiente, mientras hablaba con mi madre me llaman por teléfono, diciendo que son de la notaría de Marca para explicarme que me había tocado el viaje a Sudáfrica. Sinceramente, no me lo creí, no me lo esperaba, así que no le di demasiada importancia porque me parecía imposible que hubieran sacado mi pasaporte como ganador.

Pasaron un par de días en los que no recibí noticias de nada y pensé que había sido una broma, pero me volvieron a llamar para pedirme que les confirmara lo antes posible mis datos y sobre todo los del acompañante, a todo esto, me metían prisa tanto desde Marca como desde Hyundai (patrocinador oficial del Mundial) por el tema pasaporte, pasaporte que no tenía y que me tuve que hacer deprisa y corriendo y gracias al amigo, del amigo, del amigo que conocía al comisario jefe de la Guardia Civil.

Pude, disfrutar además, de ver un partido desde la zona VIP de la explanada del Santiago Bernabeu donde tenían consolas, nos dieron acreditación y cosillas varias como una gorra, un pin y un portallaves todo merchandising del Mundial, más todo lo que rodea a una zona VIP, famosos, famosetes, caras conocidas y comida y bebida gratis.

La elección del acompañante fue más complicada de la esperada, porque justo en esos días mi hermana jugaba un campeonato internacional de baloncesto en Tours (Francia) y teníamos hotel y billetes reservados desde hacía meses, así que mis padres no podían ir, mis tíos tampoco, mis primos tampoco y mis amigas más cercanas estaban pendientes de sus trabajos, oposiciones o simplemente ya tenían planes.

Costó encontrar a alguien pero la inconsciencia de una amiga, le hizo decir que sí, y acompañarme en esta gran aventura que disfrutamos.

Llegamos al día 9, a las 15:30 nos habían citado en Barajas, para darnos los billetes y las últimas instrucciones antes de ir, pasamos el control y entramos en la zona de embarque. La primera noticia que recibimos fue que el vuelo que nos llevaba a Munich llevaba media hora de retraso, primer inconveniente, puesto que para hacer la escala nos quedaba una media hora escasa para atravesar todo el aeropuerto muniqués, pasar la zona de pasaportes y encontrarnos con el representante de Hyundai que iba para Sudáfrica y con las otras dos parejas de alemanes que habían ganado sendos concursos.

El vuelo transcurrió sin demasiados problemas y las prisas y el susto inicial no fue para tanto porque nos dio tiempo suficiente para recorrernos todo el aeropuerto y llegar al “meeting point” los cuatro españoles (la otra pareja, eran madre e hijo) y que el representante nos diera los billetes.

Montamos en el avión a eso de las 20:45 rumbo al fin del mundo. Nunca había hecho un viaje tan largo en avión pero al ser de noche no se me hizo demasiado pesado, además estaba como niña con zapatos nuevos porque nos dieron una mantita, un antifaz, unos calcetines, cepillo y pasta de dientes y unos cascos. Apenas pude pegar ojo, porque estaba un poco incómoda pero alguna cabezadilla sí que dí.

Precioso fue ver amanecer desde el avión y más aún desde la cámara exterior y cuando empezamos a sobrevolar territorio sudafricano, los auxiliares de vuelo, se pusieron una camiseta de la selección de Sudáfrica y detrás ponía Staff.

A las 8 y un poco, por fin, pisamos suelo, tras tantísimas horas de vuelo, el ruido de las vuvuzelas era impresionante, nada más entrar, dentro del aeropuerto, era ensordecedor. Tras la recepción con los guías, nos dieron tiempo para cambiar los eurillos y comenzamos la visita, vimos Johannesburgo y luego nos dejaron en un centro comercial, fuera de él, había una estatua gigante de Nelson Mandela y mientras esperábamos a los demás, se acercó la Policía Nacional para informarnos en caso de qué nos ocurriese algo, todo esto grabado por tve, así que puedo decir como Mike Wasosky: “He salido en la tele”

Luego fuimos a comer, y por fin, a eso de las 18 de la tarde, tras más de 24 horas sin tumbarnos en una cama, nos llevaron al hotel, ¡¡¡¡madre mía qué hotel!!!! Nos dijeron que el precio de la habitación por noche era de 600e, la habitación tenía dos camas enormes, baño con bañera y plato de ducha y un vestidor donde poner las cosas que se abría con la tarjeta del hotel, una auténtica pasada y todo esto para cada uno de nosotros.

Casi sin tiempo para nada o casi nada, nos volvimos a poner en rumbo, esta vez para cenar y ver el tercer y cuarto puesto en un restaurante tipo buffet, donde se comía de manera excelente.

Vuelta al hotel y a descansar. Al día siguiente, día 11, nos levantamos pronto y nos llevaron a visitar Soweto, una ciudad en la que la pobreza y la riqueza se entremezclan de una manera espectacular, a un lado había chabolas construidas con paneles de metal y al otro casas de lo más lujosas.

El día transcurría y los nervios comenzaban a florecer porque quedaba menos tiempo para ir al Soccer City y disfrutar del ambiente. Llegamos para allá, tras una larga cola de coches y de gente, tras pasar mil controles de seguridad, por fin, llegamos al hospitality de Hyundai, donde nos encontramos con el jefazo, Mr. Hyundai le llamábamos, nos hicimos fotos y aprovechamos para picotear un poco.

Sobre las 18:30, comenzamos a subir las escaleras que nos llevaban dentro del estadio, y he de confesar, que sentí un hormigueo increíble, la entrada fue espectacular, ver a tantísima gente, millones de flashes, tantas personas unidas por un deporte, por unas selecciones, invadían mi cuerpo de emoción.

Tras el partido y el estallido de alegría y satisfacción, volvimos al hospitality para cenar, celebrar y hablar sobre lo que nos estaba pasando, salimos a la calle rumbo a los coches y uno de los conductores nos dijo que estábamos a 2 grados, ¡¡¡2 GRADOS!!! Era la primera vez que sentíamos la noche sudafricana y aunque por el día hiciera bueno, en cuanto anochecía las temperaturas caían bastante.

Así que con la victoria y el frío, rumbo al hotel, a descansar y a revivir en la mente cada uno de los momentos disfrutados durante el día.

Llegamos al lunes, donde visitamos Pretoria que, a mí, particularmente me encantó, hizo un día espléndido y la ciudad me pareció preciosa, eso sí, a pesar del sol en las fotos salimos completamente despeinadas, debido al viento, y con los mofletes rojos del frío.

Pasamos al martes, donde esperaba otra de las mejores experiencias que fue ni más ni menos que conducir un F1 en el circuito de Kyalami, disfruté como una enana, aunque iba cagadísima, porque a mí no me gusta correr, pero, una vez que me solté la cosa fue sobre ruedas, nunca mejor dicho.

Y llegamos al miércoles, última día en Sudáfrica, madrugamos mucho, había que cerrar las maletas, costó porque iba a tope con toda la ropa y todos los regalos que compré para toda la familia, amigos, más las cosas que nos habían dado, entre ellas un balón y un cojín que no había forma de que entraran en la dichosa maleta, así que decidí llevarlo en la mano.

Fuimos rumbo al aeropuerto, dejamos las maletas y nos fuimos en un vuelo chárter, a la reserva de Marataba, para disfrutar de un Safari en Jeep. Increíble, es la mejor palabra que define el Safari, una vez hecho el recorrido, fuimos a comer a uno de los hoteles más caros del mundo, en plena naturaleza y disfrutando del tiempo estupendo que hacía.

Tras la comida y un poco de reposo, vuelta al aeropuerto, donde ya sí, cogimos el avión que nos traía de vuelta a Europa, a Munich y de ahí a Madrid. Salimos a eso de las 20:45 de Sudáfrica y pisamos Madrid sobre las 11:30.

Íbamos todos cargados hasta los topes, yo, llevaba la maleta, el abrigo en la mano, el chubasquero, el balón y el cojín en una bolsa, otra bolsa con regalos que habíamos comprado en el aeropuerto, el abrigo enganchado en la mochila, el forro polar dentro de una bolsa y la maleta. Menos mal que hicimos la escala en Munich donde hacía mucho calor y nos quitamos un poco de ropa, porque si llegamos a hacer el viaje directo nos cogemos el sarampión.

Y eso fue todo el viaje, veo las fotos y me lo creo, pero hasta hace relativamente poco, no era consciente que había estado allí, disfrutando de tantas y tantas cosas…

 

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