7 años…

 

… es el tiempo que ha pasado desde aquella fatídica mañana del 11 de marzo de 2004, sin lugar a dudas un día marcado a fuego en mi vida.

Recuerdo exactamente paso por paso lo que hice ese día, muchos días me acuerdo de aquel día por todas las sensaciones, emociones que sentí y sobre todo por el olor, un olor que jamás había percibido, un olor que sin lugar a dudas es lo que me queda de aquel día.

Como todos los días, me levanté, me dí una ducha, desayuné, vi un poco las noticias y cuando estaba ya a punto de marcharme para el cole, oí un golpe muy seco, pensé la puerta del garaje, pero a continuación se escuchó otro ruido no tan fuerte pero quizás más seco, sin darle más importancia que esa, salí a la calle.

Enfilé Avenida Ciudad de Barcelona y sólo se sucedían camiones de bomberos, ambulancias, policías, llegué, como siempre al lugar de quedada y le dije a mi colega, ¿qué ha pasado se ha quemada tu casa o algo de eso? Ella me contestó, pues ni idea, no me he enterado de nada.

Continuamos andando y vemos que empieza a bajar gente completamente desorientada desde Atocha y ante tal desconcierto le preguntamos a una señora y nos dijo que había habido un atentando, una bomba en la estación de cercanías. Nosotras seguimos avanzando hacia el colegio y pasamos por uno de los miradores de las oficinas de Renfe y cuál fue nuestra sorpresa al ver los andenes repletos de una humareda que impedía ver con nitidez lo que había pasado, gente corriendo, gritos,… No daba crédito a lo que estaba pasando.

Cruzamos la calle y subimos para el colegio, en la entrada estaba nuestra profesora de Química, completamente desencajada y nos preguntó si estábamos bien y nosotras sí, sí, María, pero, ¿qué es lo que ha pasado? Y nos dijo que habían puesto una bomba pero que no sabía nada más. Nosotros entrábamos a las 8 y llegamos como a las 7:55 apenas 15 minutos después de las explosiones.

Llegamos al aula, llega nuestro profesor de religión y jamás se me olvidarán las palabras que dirigió al grupo que fueron éstas: “Bueno chicos, que sepáis que hoy algunos de vuestros compañeros no llegarán a clase” Insisto en que nosotros no sabíamos nada de nada, gracias a las mp3 con radio las noticias llegaban a cuenta gotas, nos enteramos que a parte de las explosiones de Atocha (las de la calle Téllez) habían explosionado otras en Santa Eugenia y en el Pozo y que los muertos se contaban ya por decenas.

Las minutos transcurrían como si fueran horas y estábamos expectantes ante lo que estaba sucediendo a 50 metros de dónde estábamos con el miedo ya dentro de nosotros porque no sabíamos nada de lo que estaba ocurriendo fuera. Hacia las 9 y media, quizás antes, quizás después, no lo recuerdo demasiado bien, explosionaron una de las bombas que por suerte habían fallado y retumbó todo, cristales, mesas, con el consecuente susto, nos dijeron que nos alejáramos de las ventanas pero no nos avisaron cuándo, así que el susto fue grande.

Una vez pasadas las alarmas y el susto inicial, nos sacaron al patio y del patio nos evacuaron los de protección civil llevándonos al Retiro, por suerte me pude escaquear y volver a casa, para poner rápidamente las noticias y enterarme de lo que había sucedido, recuerdo que la hora a la que volví fueron las 11:23 y parecía que había pasado toda una vida desde que había oído ese golpe, esa bomba, ese atentado.

Esa semana yo estaba de exámenes y al día siguiente teníamos una de física y química. En casa no podía estudiar porque estaban las amigas de mi hermana cuyos padres trabajaban y no podían salir antes del curro, así que me fui para casa de mis tíos que viven pegados a las vías. Cogí las cosas y me bajé, jamás he visto una calle tan en silencio como ese día, una avenida como Ciudad de Barcelona, donde hay siempre tanto tráfico, no había ni un coche, no había nada, era como si se hubiera acabado la vida, no se sentía nada, sólo permanecía el silencio, un silencio que dolía hasta matar. Evidentemente, me fue imposible poder concentrarme para estudiar.

Así que con esa panorama, decidí bajar y acercarme a la calle Téllez, para ver la magnitud del atentado y si por la tele impresionaba verlo en directo acojonaba (perdón por la palabra) ese tren con el agujero en medio, completamente reventado y ese otro con el techo levantadoy un altar improvisado con miles de velas, de carteles, de pancartas, de muestras de cada uno de los vecinos, la gente en ese pequeño altar no hablaba, apenas respiraba, sólo sollozaba y lloraba ante tal muestra de barbarie, de inhumanidad, de …

Recuerdo también el día siguiente, el 12M, ese sí que fue duro. En el cole no dimos clase, porque no teníamos el cuerpo ni alumnos ni profesores para dar teoría y mucho menos para hacer los exámenes, así que estuvimos haciendo murales, que pusimos en la pared, en recuerdo a las víctimas, además se organizaron desde el colegio varios actos para ese día. Si mal no recuerdo, esto no lo tengo muy nítido, creo que esa misma tarde fue la manifestación contra los terroristas y hacía un día de perros, llovía, hacía frío, hacía muy desagradable y uno de los cánticos que a mí me marcaron fue el de: No está lloviendo, Madrid está llorando creo que define perfectamente cómo nos sentíamos los madrileños y en extensión los españoles ante este trágico suceso, pero la respuesta de la gente, fue excepcional, más que nunca me sentí orgullosa de ser madrileña.

Desde aquí, mi pequeño homenaje a esas 192 personas que murieron en el atentado y a las 2.000 personas que resultaron heridas.

 

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