Las cosas nacen y mueren…

 

y sino cambian es que están muertas…

Hay veces que nos aferramos a algo, a alguien, con tanta fuerza que nos dejamos el alma, las fuerzas y las ganas en aquello que aunque por mucho que lo deseemos, jamás alcanzaremos.

¿Por qué? No lo sé, quizá sea porque somos así por naturaleza, inconformistas, se anhela aquello que no se tiene y malcuidamos, malgastamos todo lo que nos rodea, pretendiendo lograr aquello imposible.

Quizás sea porque gusta, atrae, lo imposible, pero también es lo que más hace sufrir, ¿merece la pena? ¿Merece la pena tanto sufrimiento? ¿La recompensa es justa? ¿Merece la pena malgastar tiempo en pensamientos? ¿Merece la pena las lágrimas derramadas?

 

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  1. Esther

    Uy no me gusta mucho esta entrada eh? Aunque bien podría ser una de las mías, que sabes que en cuanto a sentimientos son primas hermanas. Arriba el ánimo y a luchar por lo que se quiere, aunque esté chungo 😛

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