Violencia en el deporte

MARTA URQUIZA ÁRBITRO DE BALONCESTO

 

 

«Estoy viva de milagro y vienen a decirme que hay que taparlo»

 

 

 

Ha recibido cuatro puntos en la boca, siete en la ceja, tiene un hematoma en un ojo y una fisura en el cráneo

 

 

«Cuando desperté ya estaba en el coche de la Policía». Marta Urquiza se llevó el susto de su vida hace dos sábados. Como cada jornada, acudió a pitar un partido de baloncesto, un deporte en el que ha sido jugadora, entrenadora y en el que lleva desde hace doce años como árbitro. A sus 33 años está, por desgracia, acostumbrada a que la insulten y amenacen desde las gradas y a que los jugadores protesten todo lo imaginable.Pero el 20 de enero, un jugador de 16 años fue más lejos. Sucedió en un partido de la categoría Júnior Preferente disputado en Soto del Real (Madrid). El equipo local, el Soto Basket, iba perdiendo por 40 puntos frente a otro conjunto de la provincia, el Griñón. Quedaban seis segundos para el final de un encuentro que se había convertido, poco más o menos en el «club de la lucha». Urquiza lo recuerda así: «El pabellón estaba lleno y el público se puso muy agresivo. Eso se fue trasladando a los jugadores. Cada vez más faltas personales, acciones muy feas y los entrenadores que se quedaban cruzados de brazos».

A falta de esos seis segundos se llevó el «palo». «Un jugador del Soto Basket -prosigue- lleva el balón en campo contrario. Veo que se para e intenta quitarse al defensor golpeándole con el codo en la cara. Pero el otro se aparta y en lugar de darle de lleno, le roza».

Urquiza pita antideportiva. «Es una acción muy fea», apostilla, pero el agresor no se atiene a explicaciones. «Le digo que es su quinta falta y que se tiene que ir al banquillo. Me llama gilipollas. Le pito una técnica descalificante y cuando tengo los brazos en alto (gesto arbitral para señalar estas faltas), por lo que me han comentado, me pega un puñetazo y, tras perder el conocimiento, caigo al suelo y me abro una brecha».

Cuando despierta está de camino a la Clínica Moncloa en Ma- drid, donde queda ingresada. En el hospital estaba «muy tranquila» hasta que le dan cuenta de un diagnóstico que más bien parece un «parte de guerra»: cuatro puntos en la boca, siete en la ceja y un hematoma en su ojo derecho y lo que es peor, una fisura en el cráneo. De la clínica Moncloa a la Quirón. Y de allí, el alta cinco días después.

Disculpas aceptadas 

La indignación mayor de Urquiza no viene por un joven agresor que fue a verla al centro médico, donde la pidió unas disculpas aceptadas por ella. «Estoy viva de milagro y el presidente de la Federación Madrileña (Juan Manuel Martín Caño), después de verme en el hospital, me pide un compromiso de taparlo sin que se sepa, que se solucione metiéndolo debajo de la alfombra, porque, según él, puede fomentar más la violencia. Todo con muy buenas palabras. ¿Pero qué poca humanidad y falta de ética! ¿si la víctima soy yo! Ni tengo nada que perder ni miedo. Hay que erradicar la violencia del deporte y ese va a ser mi objetivo a partir de ahora».Al jugador no le guarda rencor. Tampoco al delegado o al entrenador del equipo. Ambos fueron con ella a la clínica. Pero piensa denunciarlo con una esperanza, que sirva de reflexión y no para un «linchamiento público» de un chaval que «lo está pasando mal».

Desde el Soto Basket, su presidente, Alejandro Suárez, lamenta «profundamente» todo lo ocurrido, a la vez que confirma que el joven agresor está pasando un auténtico calvario por una acción que, no obstante, es «absolutamente lamentable, injustificable y merece todo tipo de repulsa». De hecho, recordamos, la afectada por la agresión ha recibido las disculpas del jugador.

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No tengo palabras para definir esta tremenda agresión… Es cierto que por lo general y más en Madrid, los arbitrajes son malos, pero malos de cojones, pero hay un gran abismo entre decir qué malo eres hasta llegar al punto de partirle la cabeza a alguien. Desde aquí mi más absoluta repulsa a este atentado hacia este deporte, un deporte que tanto amamos, que somos muchos los que disfrutamos de él cada día, que es una forma de vida, que te aporta valores, que te llena como persona…
Quiero espectáculo pero no quiero espectáculos lamentables como éste.

 

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